10.9.06

Finalmente anoche

Todo el mundo dijo el jueves que quería ir al mar este fin de semana, pero me busqué una excusa para no ir. Bueno, dije que estaba enferma y que necesitaba descansar porque mañana vienen los albañiles a la casa y tengo que estar bien. Me creyeron y se fueron compadeciéndome.

La cosa es que anoche como a las siete me dí un buen baño, me alisé el pelo y después llamé a Joaquín, el españolito que vive enfrente de la casa, con el pretexto de que no tenía un sacacorchos y quería abrir una botella.

Vino con el sacacorchos en la mano y lo invité a tomar vino. Por la tarde había comprado dos botellas de Casillero del Diablo en el super. Aceptó. Primero fueron boquitas, luego lo invité a cenar. Con luces tenues, por supuesto. Y música de Chopin y Lizst.

Todo iba bien y el chavo parecía acaramelarse cuando de pronto sonó el teléfono y era mi marido preguntando cómo seguía. Me excusé por señals para contestar desde el dormitorio, y me hice la groggy, que no me costó mucho porque ya había despachado una buena parte de la primera botella.

Pero cuando bajé al comedor, Joaquín había cambiado de talante. De pronto recordó que había invitado a unos amigos a su casa como a las diez y se fue. Por la ventana de mi cuarto vi llegar a sus cuates, pero no sé si los habrá llamado después que se fue de la casa.

Y ahora, corto porque se oye la bocina del carro y ya llegan todos los paseadores.

8.9.06

No me atrevo a comenzar

Estoy escribiendo escondida en el escritorio de mi papá y trabajo con la puerta cerrada porque no quiero que nadie sepa lo que estoy haciendo. Hace dos semanas abrí este blog pero no he podido atreverme a escribir nada, aunque mi vida ha sido bastante movida en este tiempo.

En general, desde que tengo catorce años ha sido diferente de la de mis hermanas, medio santurronas e hijitas de papá. Pero a mí no me hacen caso, entonces, he podido hacer bastante lo que me da la gana, pero estoy como aquel rey Midas, que no podía quedarse callado.

En cuanto oiga que mi mamá saca su carro y se va con el montón de viejas, sus amigas, voy a apagar la computadora, voy a abrir la puerta poco a poco y me voy corriendo al baño, porque todo se me está escurriendo por las piernas y no quiero que nadie se dé cuenta de lo que he andado haciendo esta tarde.

Si creían que iba a mi clase de piano, bueno, allá ellos.

Ya se oye el motor del carro, ya se va mi mamá. Regreso después.

20.8.06

No sé por dónde empezar

Pero hay que comenzar en algún momento. El problema es cómo empezar a contar la vida privada sin que la familia descubra el lugar y se enojen conmigo. Para empezar, la abuela. Y después, mi marido.

No sé por qué tienen que andarse metiendo con las cosas que escribo. Esta mañana he quemado mi diario porque ya estoy harta de que anden rebuscando entre mis cosas para ver qué es lo que opino de lo que pasa en casa.

Además, yo no ando registrando los cuadernos de mis hijos, ni los papeles de mi marido, ni las cajitas de chocolates donde la abuela guarda las cartas de amor de su marido; y las de otro enamorado que tuvo, porque un día se cayeron y había sobres con una letra distinta. Eso sí lo vi antes de ecogerlas y ponerlas en su lugar.

Aquí no creo que entren. Los hijos sólo entran a los blogs de los cuates, esas hojas electrónicas --ya hablo el metalenguaje del ciberespacio, mirá-- donde dicen malas palabras y les gustan las páginas con fotos de chavas encueradas.

Qué les va a llamar la atención el blog de un ama de casa!!

Bueno, ya no me queda otro remedio. Ahí voy!!!