20.8.06

No sé por dónde empezar

Pero hay que comenzar en algún momento. El problema es cómo empezar a contar la vida privada sin que la familia descubra el lugar y se enojen conmigo. Para empezar, la abuela. Y después, mi marido.

No sé por qué tienen que andarse metiendo con las cosas que escribo. Esta mañana he quemado mi diario porque ya estoy harta de que anden rebuscando entre mis cosas para ver qué es lo que opino de lo que pasa en casa.

Además, yo no ando registrando los cuadernos de mis hijos, ni los papeles de mi marido, ni las cajitas de chocolates donde la abuela guarda las cartas de amor de su marido; y las de otro enamorado que tuvo, porque un día se cayeron y había sobres con una letra distinta. Eso sí lo vi antes de ecogerlas y ponerlas en su lugar.

Aquí no creo que entren. Los hijos sólo entran a los blogs de los cuates, esas hojas electrónicas --ya hablo el metalenguaje del ciberespacio, mirá-- donde dicen malas palabras y les gustan las páginas con fotos de chavas encueradas.

Qué les va a llamar la atención el blog de un ama de casa!!

Bueno, ya no me queda otro remedio. Ahí voy!!!