10.9.06

Finalmente anoche

Todo el mundo dijo el jueves que quería ir al mar este fin de semana, pero me busqué una excusa para no ir. Bueno, dije que estaba enferma y que necesitaba descansar porque mañana vienen los albañiles a la casa y tengo que estar bien. Me creyeron y se fueron compadeciéndome.

La cosa es que anoche como a las siete me dí un buen baño, me alisé el pelo y después llamé a Joaquín, el españolito que vive enfrente de la casa, con el pretexto de que no tenía un sacacorchos y quería abrir una botella.

Vino con el sacacorchos en la mano y lo invité a tomar vino. Por la tarde había comprado dos botellas de Casillero del Diablo en el super. Aceptó. Primero fueron boquitas, luego lo invité a cenar. Con luces tenues, por supuesto. Y música de Chopin y Lizst.

Todo iba bien y el chavo parecía acaramelarse cuando de pronto sonó el teléfono y era mi marido preguntando cómo seguía. Me excusé por señals para contestar desde el dormitorio, y me hice la groggy, que no me costó mucho porque ya había despachado una buena parte de la primera botella.

Pero cuando bajé al comedor, Joaquín había cambiado de talante. De pronto recordó que había invitado a unos amigos a su casa como a las diez y se fue. Por la ventana de mi cuarto vi llegar a sus cuates, pero no sé si los habrá llamado después que se fue de la casa.

Y ahora, corto porque se oye la bocina del carro y ya llegan todos los paseadores.